Acompañar a un niño es también acompañar a una familia. Creamos puentes de entendimiento entre el niño/a y su entorno para entender qué ocurre y dar herramientas para crecer juntos.
No podemos entender a un niño sin mirar su entorno. Cada niño y cada niña forma parte de un sistema, y lo que le ocurre a menudo está conectado con lo que se mueve dentro de la familia, la escuela y sus vínculos más cercanos. Por eso, el acompañamiento infantil no se centra sólo en el niño, sino también en la familia.
El primer paso es observar y escuchar qué expresa el niño, teniendo en cuenta su historia, su momento vital y el contexto familiar que le rodea.
Muchas veces, los niños muestran con el comportamiento lo que todavía no pueden decir con palabras. La terapia ayuda a dar nombre y sentido a lo que están viviendo.
El acompañamiento también ofrece recursos a los adultos para que puedan comprender mejor al niño, sostenerlo emocionalmente y responder a sus necesidades con mayor conciencia.
Acompañar a un niño implica también favorecer la comunicación, el vínculo y la comprensión entre el niño y las personas que forman parte de su día a día.
Muchas veces, los niños expresan lo que los adultos no pueden o no saben expresar. En este proceso, también aparece una oportunidad muy valiosa: mirar hacia adentro y cuidar al niño o niña interna que todas las personas llevamos dentro.
Un lugar en el que el niño puede expresarse a través del juego, la palabra, el cuerpo o la creatividad, sin presiones ni juicios.
El acompañamiento incluye a la familia para entender mejor qué está pasando y encontrar herramientas compartidas.
Recursos para ayudar al niño y adultos a gestionar emociones, momentos de malestar o situaciones difíciles.
Un proceso pensado para reforzar la comunicación, la seguridad y la conexión entre el niño y su entorno.